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Agentes de la Guardia Civil pertenecientes al equipo Roca, especializado en la investigación de robos agrícolas y ganaderos, y en el marco de la operación denominada Oro Verde (creada para la investigación de los robos en fincas especializadas en la producción de aguacates de la variedad Hass) han desarticulado un grupo delincuencial formado por cuatro personas, a las que se investigan como presuntos autores de diversos delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico.

Los hechos delictivos venían ocurriendo desde finales del año 2017 y durante el transcurso del presente año, cuando se detectó un incremento sustancial de robos en fincas de producción de aguacates, centrados principalmente en la zona de las medianías, Las Candias y La Perdoma (zonas próximas entre sí), pertenecientes al municipio de La Orotava.

Los presuntos autores perpetraban los robos, en unos casos, mediante escalo de los muros de las fincas y, en otros, forzando el vallado perimetral de las instalaciones agrícolas, para practicar huecos en la malla por donde accedían al interior.

La cantidad total sustraída es de unos 8.500 kilogramos de aguacates aproximadamente, además de los daños importantes en las infraestructuras de las parcelas, pendientes aún de cuantificar.

Cabe destacar que dos de los acusados se dedican profesionalmente al pastoreo trashumante de cabras, por lo que son buenos conocedores de la zona y de las fincas en cuestión, siendo por tanto vecinos del Valle y gente que conocía perfectamente las ubicaciones de las fincas y los accesos a estas por zonas donde difícilmente podían ser vistos.

FUENTE: https://www.eldiario.es/agricola/agricultura/Guardia-Civil-desarticula-Valle-Orotava_0_754525274.html

Nuestros alumnos y alumnas del curso de HORTICULTURA Y FLORICULTURA, que impartimos en colaboración con el Servicio Canario de Empleo, están ya aplicando en prácticas todo lo aprendido en clase teórica.

De este modo, podremo convertirnos en profesionales del sector, conociendo las mejores técnicas de producción.

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La emisión del programa Stranger Pigs de Salvados, este domingo, ha agitado la conciencia de muchos consumidores habituales de carne de cerdo. El espacio dirigido por Jordi Évole ha mostrado cómo al menos algunas empresas del sector explotan a sus trabajadores y también las condiciones de vida de algunos de los cerdos que luego acaban convertidos en jamón, salchichas o filetes de lomo.

El testimonio del veterinario e inspector de Sanidad Alfonso Senovilla fue uno de los más impactantes porque, pese a ser vegano, trabaja en un matadero. "Si una persona con un mínimo de sensibilidad viera cómo se manejan los animales, cómo se aturden o cómo se sangran, aún suponiendo que sea todo legal, ¡te sorprendería! Te aseguro que no lo ibas a olvidar", le explicó a Évole ante las cámaras.

"Son infinitamente peores las condiciones de los animales en las granjas", contó Senovilla. "El matadero es muy desagradable, pero al fin y al cabo ahí pasan solo unas horas. ¡En las granjas viven siempre! Un cerdo se sacrifica con seis meses y, si es ibérico, con 12 [...]. Tenemos que desterrar la idea de que están libres por el campo. Si los 840 millones de animales que se sacrifican en nuestro país estuvieran libres, habría cerdos y pollos por las calles. Están encerrados en naves".

Aunque las empresas nombradas en el programa rehusaron participar en él, lo cierto es que Salvados también ha recibido críticas por falta de objetividad. El debate se ha polarizado en las redes sociales: hay tuiteros veganos sorprendidos por la ignorancia de la mayoría y también quienes defienden que la imagen proyectada por Évole no se corresponde con la realidad de un sector tan importante para la ecnomía como el de la industria cárnica.

En cualquier caso, Stranger Pigs empezó mostrando una alternativa a la producción convencional de carne de cerdo: la ecológica. Un sistema más lento y costoso, pero que garantiza carnes de mayor calidad y mejor trato al animal.

Habrá quien, después de ver el programa, quiera hacerse vegano o vegetariano, pero todo apunta a que la mayoría de los consumidores van a seguir comiendo carne de cerdo y por eso conviene tener claro, al menos, cuáles son, más allá de su precio en el mercado, las principales diferenciasentre cómo vive un cerdo de granja convencional y uno ecológico. Se lo hemos preguntado a varios veterinarios expertos. A partir de aquí, que cada uno compre lo que quiera y pueda...

1. Alimentación

Según la información disponible en la web de la patronal Interporc, en España la mayoría de los cerdos de capa blanca se alimentan de piensos compuestos en un 70 % por cereales como el trigo. Pero, ¿qué comen para engordar tanto en tan poco tiempo? En declaraciones a la Cadena SER, Alfonso Senovilla, que es miembro de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA), explica que se trata de piensos muy energéticos a los que los animales pueden acceder permanentemente, pero añade que la clave de esa rápida capacidad de engorde, más allá de la comida y la limitación de movimientos, son las "razas seleccionadas genéticamente".

Pero aunque sea una creencia muy extendida, alimentar a los cerdos con hormonas que aceleran su crecimiento está totalmente prohibido. Antonio Vela Bello, vocal del Colegio de Veterinarios de Zaragoza y responsable de la consultoría de asesoramiento porcino Think In Pig, se muestra indignado con la desinformación imperante en este asunto: "No es que no lo hagamos. ¡Es que ni siquiera hay hormonas así en el mercado! ¡Nos meterían en la cárcel!".

En el caso de los cerdos ecológicos, la base de su alimentación puede ser parecida, pero con el requisito de que todos esos cereales procedan de cultivos libres de transgénicos y en los que además no se hayan utilizado pesticidas y otros productos químicos vetados por la norma. Álvaro Fernández-Blanco, veterinario y responsable de insumos para ganadería de la certificadora ecológica CAAE, añade además que los cerdos de producción ecológica deben tener acceso a forrajes frescos que faciliten su digestión.

2. Espacio vital

La gran mayoría de los cerdos que se crían en España lo hacen en granjas de ganadería intensiva y, aunque la normativa es algo farragosa y especifica medidas distintas en función del tamaño y el estado de cría del animal, el espacio mínimo para las granjas convencionales es de 0,65 metros cuadrados por cerdo.

El veterinario Antonio Vela Bello explica, sin embargo, que la mayoría de las explotaciones facilita espacios superiores a los exigidos por la normativa. "Sobre todo en verano", cuenta. "En los meses de calor es muy habitual que en un espacio previsto para 12 cerdos, por ejemplos, se metan solo 10 u 11".

En el caso de la ganadería ecológica, las condiciones son muy distintas. Cada cerdo deben contar, como mínimo, con una zona cubierta de al menos 1,5 metros cuadrados y también acceso a un área exterior de 1,2 metros cuadrados. Y más allá del espacio mínimo por animal, las explotaciones ecológicas deben contar con grandes extensiones (715 metros cuadrados de pasto por cabeza) para garantizar el control del impacto medioambiental de los residuos.

Pero hay lugares, como la Finca Montefrío de Cortegana (Huelva), en los que trabajan con estándares muy superiores. Sus cerdos, durante los meses en los que hay bellota (de noviembre a marzo, aproximadamente), campan a sus anchas por la dehesa con casi dos hectáreas (llenas de encinas, robles y alcornoques) por animal.

3. Tratamiento veterinario

Antonio Vela Bello defiende la labor de los veterinarios y reivindica el hecho de que los tratamientos que prescriben garantizan la seguridad alimentaria: "No todo lo que se les da son antibióticos", dice. "Si un animal está sufriendo, también se le puede dar un analgésico o un antipirético, y siempre por su bienestar". Para cada medicamento, además, la regulación estipula un "tiempo de espera" que garantiza que no haya restos del mismo cuando el animal se lleva al matadero.

Vela explica además que los cerdos criados de forma intensiva y extensiva son proclives a sufrir diferentes problemas de salud y que, por lo tanto, "no se puede generalizar". También recuerda que los cerdos que viven al aire libre están menos controlados y que por ello, como pasó con los pollos durante la gripe aviar, tienen más riesgo de contagio por parte de animales que viven en libertad.

Álvaro Fernández-Blanco aporta una versión muy distinta. Según él, aún hay granjas convencionales en las que a la alimentación se le añade, por defecto y de manera preventiva, altas dosis de un antibiótico llamado colistina. En el caso de los cerdos ecológicos, en cambio, se recurre preferentemente a tratamientos "no residuales" como la fitoterapia, la homeopatía o las flores de Bach, y solo en casos puntuales a fármacos convencionales para los que se establece un tiempo de espera que duplica al mínimo previsto por la ley para los animales criados en intensivo.

4. Tiempo de vida

En lo que a calendario se refiere, la primera gran diferencia entre un cerdo convencional y uno ecológico es el tiempo que pasan alimentándose de la leche de su madre. "De 21 a 25 días, frente a 41", según Álvaro Fernández-Blanco.

Pero la predisposición genética, la alimentación y la limitación de movimientos también permiten que los cerdos criados en intensivo alcancen su peso óptimo de sacrificio, aproximadamente, entre los 8 y los 10 meses de vida. Los cerdos criados en ecológico, en cambio, crecen más despacio y suelen llevarse al matadero pesando menos y con 12 o 14 meses de vida.

FUENTE: http://cadenaser.com/ser/2018/02/05/gastro/1517816896_843805.html

En Agroislas, un equipo multidisciplinar de técnicos/as trabajan a diario a pie de campo, en contacto directo con la realidad del mundo de la jardinería y de la agricultura, prestando servicios de ingeniería, asesoramiento, formación de especialistas, valoraciones agrarias, peritaciones judiciales, etc.

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Muchas personas sienten y transmiten una indocumentada paranoia respecto a las cuestiones genéticas, al menos en España. Pero hemos de tener en cuenta que, cada vez que comemos, ingerimos genes de otras especies (salvo que seas antropófago, lo cual, genes aparte, está muy mal visto). Así que no deberíamos caer en el discurso absurdo sobre los peligros de recombinar nuestro genoma con los genes presentes en nuestro plato, comamos transgénicos o no. Si comes alitas de pollo, comes todos los genes del pollo incluidos aquellos que controlan el crecimiento y desarrollo de las alitas en cuestión -y no te conviertes en un angelito-, si comes acelga comes genes de sus hojas, y no te salen por las orejas, y si comes rabo de toro tampoco te crece nada de nada. Tal vez oído muchas veces el refrán “de lo que se come se cría”, como Fernando V de Aragón, pero la ciencia ha demostrado que no tiene ni pies ni cabeza, así que no te preocupes por los genes de la comida: toda los tiene.

Un transgénico es aquel organismo que posee un gen -o más- diferente de aquel que originalmente se le podría atribuir, gracias al uso de técnicas propias de la ingeniería genética. Ese gen puede haber sido extraído de un ser vivo, modificado en el laboratorio y reintroducido en el mismo organismo, o extraerse de una especie e introducirse en otra. Los transgénicos se conocen técnicamente como OMG (Organismos Modificados Genéticamente).

Si ese organismo se come, es un alimento transgénico; pero más allá de lo comestible los OMG tienen una importantísima aplicación cotidiana en la elaboración de fármacos, fermentos, detergentes, cosméticos o el algodón con el que se hacen los billetes que ahora llevas en el bolsillo. ¿Tienes miedo a los transgénicos? Ni se te ocurra tocarlos: los coges con una pinza, los metes en un sobre y los mandas a La Iglesia del Séptimo Buen Rollo Comidister (a mi atención, yo me desharé de ellos).

La historia de los transgénicos

Los primeros ensayos con OMG’s se realizaron en Europa a mediados de los 80, concretamente en la planta del tabaco, aunque en poco tiempo los EEUU tomaron la delantera. Para principios de 1993 la FDA dictaminó que los OMG eran seguros, y en 1994 se comercializó con cierto éxito el primer alimento transgénico, el tomate “FLVR SAVR”(hoy desaparecido): su superpoder era aguantar más tiempo sin estropearse.

Un cultivo de soja. WIKIMEDIA COMMONS

Más allá de la historia de este tomate, las iniciales expectativas y su caída en desgracia comercial, debida en cierta medida a los miedos infundados -como se comprobó más tarde-, cabe destacar al menos dos fases en el desarrollo de los alimentos transgénicos:

  • Transgénicos de primera generación: fueron los primeros en aparecer. Se trata de vegetales comestibles modificados genéticamente con la finalidad de ser más productivos: normalmente, resistir el tratamiento con herbicidas o el ataque de ciertas plagas. El ejemplo más conocido del primer caso es el de la soja resistente al glifosato -un herbicida- y en el segundo el maíz Bt. La consecuencia fueron cosechas mucho más productivas o con una menor inversión económica por hectárea cultivada, algo muy bien recibido por los agricultores (y los ganaderos, que obtienen maíz y soja a un mejor precio). En el caso de la soja, lo que confiere esa resistencia al herbicida es un alelo procedente de Petunia hybrida; en el del maíz se incorpora un gen de la bacteria Bacillus thuringiensis que codifica una proteína tóxica para algunos de los gusanos que se alimentan de las hojas del maíz, haciendo innecesario -o reduciendo drásticamente- el uso de insecticidas.
  • Los transgénicos de segunda generación se centran en conseguir alimentos con propiedades organolépticas y nutricionales mejoradas. Aunque en la mayor parte de los casos se trata de vegetales, también hay animales y microorganismos implicados en la producción de alimentos y bebidas fermentadas. Así se consiguió el llamado arroz dorado, usando genes de narciso y de una bacteria -además de diversas técnicas de ingeniería genética- se ha conseguido un arroz nutricionalmente más completo que aporta cantidades significativas de vitamina A (un nutriente deficitario en el arroz original). Estas mejoras podrían tener -aún no se ha comercializado- una importante repercusión en zonas donde el arroz es la base de la alimentación y donde la xeroftalmia -o ceguera seca, causada por un déficit de vitamina A- es un gran reto en términos de salud pública. También existen vacas transgénicas capaces de producir leche humanizada hipoalergénica, de especial interés para los neonatos sensibles a las proteínas de la leche de vaca. ¿Más ejemplos? Trigo transgénico sin gluten, apto para celiacos -por cierto, made in Spain-, levaduras que optimizan la elaboración de vino o pan o alimentos que aumentan el aporte de vitaminas y antioxidantes o mejoran el perfil lipídico de los aceites vegetales. Mejoras que tardarían décadas, cuando no siglos, en implementarse si siguiéramos anclados en las antiguas técnicas de la hibridación y selección artificial, a base a de ensayo-error-selección.

Debates y regulación

Más allá de las implicaciones directas sobre la salud, el tema de los transgénicos está marcado por otras dos importantes polémicas: la medioambiental y la económica. Respecto la última, uno de los argumentos que más ha dañado la imagen de los transgénicos fue decir -en sus orígenes-, que serían la solución al hambre en el mundo. Es fácil contrastar que, después de dos décadas tras la introducción de sus cultivos, poco o nada ha cambiado en relación con este mal, que depende más de las soluciones y voluntad políticas que de las técnicas: el hambre en el mundo podría acabar mañana, con transgénicos o sin ellos. La otra problemática económica se refiere al monopolio y a las presiones que -según algunos- ejercen algunas de las multinacionales que trabajan con transgénicos. Como no es un tema nutricional no pienso meterme en este jardín, solamente mencionar que varias de estas multinacionales, comunicaron que cederían de forma gratuita sus licencias a la African Agricultural Technology Foundation.

Respecto a las cuestiones medioambientales y la pérdida de biodiversidad asociada al uso extensivo de transgénicos, cabe recordar que esa pérdida se produce de toda la vida, gracias a la práctica habitual -y esperable- de los agricultores de utilizar aquellos cultivos que mejor funcionan (y arrinconando, e incluso desterrando al olvido los demás). Por el momento la aparición de los OMG’s no han planteado nuevos o mayores riesgos que aquellos derivados de la agricultura convencional, siempre que se sigan -o se mejoren- las normas que actualmente se aplican en la evaluación de sus variedades. Para asegurar la pervivencia de las especies que desaparecerían -con transgénicos o sin ellos- también existen los bancos de semillas.

La regulación de los alimentos transgénicos la lleva la Comisión Europea, que cuenta con la opinión científica de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) para emitir sus dictámenes: si quieres más información didáctica de cómo observan estas cuestiones, aquí encontrarás la referente a las plantas OMG’s o a los animales OMG’s.

Alimentos transgénicos en mercados y supermercados

Desde un punto de vista legal, todo está preparado -desde hace más de 15 años- para poner a la venta alimentos transgénicos, y comprarlos o evitarlos según las filias y fobias personales. Pero en realidad es rematadamente difícil encontrar alimentos o productos elaborados con transgénicos: al igual que ocurre en España, y solo aquí, con el aceite de colza, los productores y distribuidores no tienen ninguna gana de jugársela poniéndolos abiertamente en el mercado, a causa del rechazo visceral -no racional-, que estos conceptos pueden tener en el gran consumo.

Banco de semillas de la . WIKIMEDIA COMMONS

En un ejercicio de simplificación extrema de la normativa, se recoge la obligación de mencionar la presencia de OMG’s en un producto cuando su presencia es igual o superior al 0,9% de la composición, y el etiquetado lo ha de expresar las siguientes “modificado genéticamente” o “producido a partir de [nombre del ingrediente] modificado genéticamente”. Si queréis profundizar en el tema, podéis consultar esta guía de aplicación de estas exigencias de etiquetado y trazabilidad, publicada por los ministerios de Sanidad y Agricultura junto con la FIAB.

Ahora manipulamos genes porque sabemos qué son los genes

Nuestros ancestros que no sabían muy bien las implicaciones últimas de su trabajo en materia genética (el término “gen” se describió en 1905) a día de hoy y sabiendo qué nos traemos entre manos, se pueden buscar este tipo de mejoras con una mejor mira telescópica y sin depender tanto del azar. El avance de los tiempos nos ha llevado a emplear la ‘ingeniería genética’ y manejar genes aislados mientras perseguimos cualidades casi a la carta en nuestros alimentos, entre otras cosas:

  • La modificación genética de los alimentos se viene realizando desde que se tiene constancia de la existencia de la agricultura, es decir, desde tiempos ancestrales: el uso de la ingeniería genética ha posibilitado realizar esas modificaciones de forma más dirigida e incluso controlada que las anteriores.
  • Los controles que han de seguir estos alimentos antes de su comercialización son exhaustivos, y además han de ser revisados cada 10 años, algo inaudito para cualquier otro alimento.
  • Las metas alcanzadas en el terreno de la Salud Pública y de la productividad por parte de estos alimentos transgénicos son contrastables y -desde mi punto de vista- admirables, además de difícilmente accesibles usando técnicas convencionales.
  • Llevamos más de tres décadas conviviendo con los OMG’s: si hubiera algo objetivamente negativo en contra de ellos -más allá de pálpitos, malas vibraciones y temores indocumentados-, creo que ya lo habríamos observado.

Si alguien contrario a los transgénicos tiene pensado acusarme de estar a sueldo de Monsanto, DuPont o Syngenta, -de lo cual no podéis tener ninguna prueba, porque es falso- le sugiero intente convencerme con argumentos objetivos basados en la ciencia: si es así, seré el primero en tenerlos en cuenta.

Juan Revenga es dietista-nutricionista, biólogo, consultor, profesor en la Universidad San Jorge, miembro de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN) y un montón de cosas sesudas más que puedes leer aquí. Ha escrito los libros “Con las manos en la mesa. Un repaso a los crecientes casos de infoxicación alimentaria” y “Adelgázame, miénteme. Toda la verdad sobre la historia de la obesidad y la industria del adelgazamiento” y -muy importante- es fan de los riñones al jerez de su madre.

FUENTE: https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2018/03/15/articulo/1521110459_483976.html

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