Una vez que ha pasado todo este “jaleo climático” y volvemos a la normalidad, intentemos pensar en positivo: la calima nutre el amazonas y da vida al Océano, además de fertilizar nuestros suelos.

Cada año unos 182 millones de toneladas de polvo del Sahara son desplazadas por el viento hacia el Atlantico. De este total, unos 27,7 millones de toneladas de polvo se precipitan sobre en la cuenca del Amazonas, según los datos del periodo 2007-2011 analizados en un estudio de la NASA publicado en 2015 en un artículo de la revista Geophysical Research Letters de la de la Unión Geofísica Americana.

 

Los responsables del trabajo destacan que la cantidad de polvo que se registra en este fenómeno es muy variable de un año a otro y que son necesarios nuevos estudios para determinar si existen patrones a largo plazo o tendencias relacionadas con procesos como el cambio climático.

 

El Amazonas depende del Sáhara para mantenerse fértil

 

De particular interés en este estudio es la importancia del polvo en suspensión que llega del Sáhara a diferentes lugares del mundo, y sobre todo el polvo recogido de la depresión Bodélé en el Chad. Este antiguo lecho del lago contiene enormes depósitos de microorganismos muertos que están cargados con fósforo. Los suelos amazónicos son escasos en fósforo y otros nutrientes esenciales que son arrastrados por las lluvias frecuentes. Por lo tanto, todo el ecosistema del Amazonas depende de polvo del Sahara para reponer estas pérdidas.

 

Importancia del Fósforo

 

El estudio calculaba hace unos años que el Amazonas pierde unas 22.000 toneladas por año de Fósforo por la lluvia y las inundaciones, y es este elemento, junto al nitrógeno o el hierro nutrientes fundamentales en el crecimiento de las plantas y en la riqueza de un suelo fértil. Todos esos nutrientes se aportan en el polvo en suspensión que saliendo de Africa recorre casi 10.000 kilómetros hasta la costa Sudamericana.  Ese viaje transoceánico desde África hasta América, se ha descubierto ahora, es fundamental para la selva.

 

La cadena alimenticia del atlántico

  

Por otro lado,  los nutrientes de Fósforo esenciales para la vida de uno de los organismos más importantes en la evolución del planeta, el Fitoplacton, también son aportados por la calima en el océano Atlántico.

 

El Fitoplacton, además de ser el responsable de que exista oxigeno en la Tierra (y por tanto le debemos la vida), es también la base de la cadena alimenticia en los mares y océanos. Sin su existencia no podrían alimentarse el resto de animales.

 

Climatólogos y biólogos marinos estudiaron, por otro lado,  durante más de diez años el viaje de las partículas del Sáhara en dirección oeste sobre el océano Atlántico , y en el curso de estos estudios, resultó, que el polvo en suspensión que quedaba en el océano procedente de África, también era rico  en nitrógeno, hierro y como hemos visto, fósforo.  Todos estos componente  de la Calima “fertilizan” el océano Atlántico, y se promueve el crecimiento del fitoplancton.

 

Beneficio añadido

 

Por otro lado, los meteorólogos saben que estos microorganismos son una parte fundamental en la lucha contra el efecto invernadero, ya que el fitoplacton absorbe dióxido de carbono de la atmósfera. De esa manera el efecto invernadero se reduce al mínimo.

 

Posibles prejuicios

 

Pero todo esto puede tener un efecto perverso, o al menos molesto, como es la proliferación de lo que en Canarias se ha denominado las microalgas, que no son más que estos organismos que llevan en el planeta millones de años produciendo oxigeno. Un exceso de calimas, de altas temperaturas en el mar, y tiempos en calma hacen que el fitoplacton se acerque a las islas con las consiguientes molestias que ocasiona a bañistas y público en general.

FUENTE: https://www.noticiasfuerteventura.com/fuerteventura/la-calima-nutre-el-amazonas-y-da-vida-al-oceano

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