Polinizadores, arquitectos de la biodiversidad

Las plantas con flores, o angiospermas, aparecieron hace unos 140 millones de años, en el Cretácico, un periodo de grandes cambios en nuestro planeta. Paulatinamente, el paisaje pasó de los tonos verdes de los helechos y coníferas a otros más variados, comenzando un ‘frenesí’ evolutivo que continúa hasta hoy en día. Si los seres humanos hubiéramos tenido el privilegio de ser testigos del acontecimiento, hubiéramos visto como la Tierra, poco a poco, se iba transformado y convirtiendo en un lugar cada vez más diverso.

Pero, en el Cretácico, los insectos ya estaban allí; para estos supervivientes natos, que habían sobrevivido a todo tipo de catástrofes, la aparición de las flores supuso una nueva fuente de alimento y, con sus visitas a las plantas en busca de recursos, comienza el fenómeno de la polinización, una solución exitosa, que originó un proceso coevolutivo de beneficio mutuo, del que dependen alrededor del 87% de las aproximadamente 352.000 especies de angiospermas que hay actualmente en el mundo.

En este viaje de millones de años, el hombre ha llegado en el último segundo, y se ha encontrado un planeta con hermosas flores de todos los colores, formas y tamaños; muchas de ellas se convertirán en frutos, que le servirán de alimento, y todo se lo debe a una legión de bichos, en gran parte trabajadores anónimos porque, aunque la mayoría de las plantas puede emplear diferentes formas de reproducción asexual -generando clones-, la polinización cruzada favorece la producción de individuos genéticamente nuevos que aseguran la variabilidad de la especie, clave para la buena salud y la supervivencia de las poblaciones.

Se estima que aproximadamente el 70% de los 124 principales cultivos utilizados directamente para el consumo humano depende, en mayor o menor medida, de los polinizadores ¿qué sabemos de estos bichos? Pues más allá de la abeja de la miel y de los abejorros, nuestro conocimiento es bastante limitado. Se calcula que más de 200.000 especies animales participan, con diversas estrategias, en este proceso; desde insectos a mamíferos, pasando por aves o reptiles.

La polinización realizada por insectos, especialmente abejas y mariposas, es la más conocida, pero escarabajos, moscas, mosquitos, hormigas o avispas también colaboran, y existen algunos casos de interacciones altamente especializadas, en las que una planta depende en gran medida de un determinado polinizador, o viceversa, por lo que la disminución o pérdida de una de las especies puede llevar al declive, y hasta la extinción, de la otra.

Investigadores del Laboratorio de Ecología Terrestre del IMEDEA (UIB-CSIC) llevan más de 20 años recogiendo datos de observaciones de polinizadores en Baleares y estaban interesados en divulgar todo este conocimiento a la sociedad. El resultado ha sido la página web ‘Polinizadores de las Islas Baleares’ (http://polinib.info/), un proyecto que se ha presentado la semana pasada en el ParcBit, que incluía, también, el primer póster divulgativo dedicado al conocimiento de las abejas de Baleares.

«Detrás hay muchas horas de trabajo, de observación de los insectos sobre las flores para saber quién interactúa con quién», comenta Anna Traveset, responsable del Laboratorio de Ecología Terrestre y coordinadora del proyecto.

«Hemos dado un primer paso, la web no es definitiva, irá creciendo. Por el momento hemos incorporado la información que teníamos hasta ahora, procedente de varias tesis doctorales y de numerosas publicaciones realizadas por el grupo, pero todavía queda mucho por hacer».

«La idea es mostrar las interacciones entre plantas y polinizadores, la importancia económica, social y cultural de estos animales y sus principales amenazas; en definitiva, dar a conocer toda esta información a la sociedad y que sea útil no solo a los científicos, sino también a los profesores, como material didáctico, a los naturalistas y, en general, a todos los que quieran saber qué especies de polinizadores hay en Baleares», añade.

El proyecto dispone de una base de datos con cerca de 8.000 interacciones entre más de 500 especies de insectos y más de 200 de plantas. Un buscador permite realizar consultas por familia y especie, especificando la isla. Además ofrece una galería de imágenes con 300 fotografías de interacciones insecto-flor, indicando junto a cada una de ellas el nombre científico y el lugar donde fue tomada la imagen. La web también es colaborativa, y uno de sus apartados está dedicado a la ciencia ciudadana; en él se irán incorporando las fotografías enviadas por el público que muestren interacciones insecto-flor, identificando las especies involucradas.

En otra de las secciones de la web se abordan las amenazas; en los últimos años se ha comenzado a alertar del descenso en las poblaciones de algunos insectos, especialmente abejas y abejorros, que son los más estudiados. Son varios los factores potenciales que impactan negativamente en los polinizadores y raramente lo hacen de forma aislada; la pérdida de hábitat, los pesticidas, las especies invasoras y el cambio climático es posible que actúen sinérgicamente, incrementando exponencialmente sus efectos. Si se degrada el hábitat y el calentamiento global afecta a la distribución de las especies y a aspectos del ciclo biológico de los organismos, estos cambios podrían dar lugar a desacoples espaciales y temporales de las plantas y sus polinizadores, creando un problema de grandes dimensiones.

Todo está, en cierta forma, conectado, la ecología ha pasado de estudiar la biodiversidad como número de especies que habitan en un ecosistema a investigar las interacciones que se producen entre ellas. El mejor modo de considerar la relación entre las plantas y los animales que las polinizan es teniendo en cuenta toda la compleja red de conexiones que se producen en un ecosistema y que constituyen la arquitectura de la biodiversidad. Y uno de los grandes desafíos actuales es entender cómo responderá esta red ante las distintas perturbaciones.

La presentación estuvo acompañada de un póster, realizado por el ilustrador y naturalista Xavier Canyelles, en el que se representan 66 especies de insectos polinizadores, de los que unos pocos son endémicos, algunos muy comunes y otros más raros. Tal vez una de las especies que la gente reconoce y recuerda con más facilidad es la abeja de la miel, sin embargo en nuestras islas no sólo vive esta especie de abeja, sino que pertenece a una extensa familia llamada técnicamente Apidae, que incluye a un centenar de especies diferentes. Los científicos han descrito hasta ahora unas 20.000 especies de abejas en el mundo.

En España se calcula que hay unas 1.100 especies y en Baleares más de 200; Canyelles realizó una selección siguiendo diferentes criterios. «Incluí, las más comunes, como la abeja de la miel, algunos abejorros y especies que la gente puede identificar en el campo; luego las más curiosas, muchas imitan a las avispas y es frecuente confundirlas; y, finalmente, las especies endémicas, como Eucera numica baleárica, o Andrena flavipes ibizensis».

El proyecto de divulgación científica Polinizadores de Baleares es el resultado de una Acción Especial financiada por la Dirección General de Investigación e Innovación del Govern Balear y ha sido posible gracias al Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), de su Laboratorio de Ecología Terrestre y del Grupo de Investigación en Cambio Global. Concretamente, ha contado con la participación de Anna Traveset, Cristina Tur, Amparo Lázaro y Miguel Angel González-Estevez, y la colaboración del ilustrador Xavier Canyelles y los entomólogos David Baldock y Nick Owens.

 

FUENTE: http://www.elmundo.es/baleares/2018/01/16/5a5de683ca47419e5c8b462b.html

 

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