LA INVASIÓN ECHA RAÍCES EN GRAN CANARIA

El especialista en botánica Marcos Salas Pascual gestiona un original blog, que con el nombre de ‘Invasiones biológicas’ se ha convertido en una suerte de diario en el que detalla la entrada sistemática de plantas foráneas en el Archipiélago, uno de los pocos lugares del mundo desarrollado donde existe barra libre en sus fronteras, hasta el punto que un 25 por ciento de las especies vegetales que prosperan en las islas provienen del exterior. De ellas un centenar son invasivas, extendiéndose sin control y alterando un ecosistema único en el mundo que ha tardado en desarrollarse miles de años.

Un 25 por ciento de las especies vegetales que viven en la isla de Gran Canaria son foráneas, según los estudios de Marcos Salas Pascual, licenciado en Biología, con la especialidad de Botánica y desde hace seis años autor de un blog que retrata el mapa de esta invasión a lo largo y ancho de la isla.

Marcos Salas, que además es uno de los ponentes de las a las XXIII Jornadas Forestales de Gran Canaria que recientemente se han celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, afirma que en el caso de Canarias este porcentaje coloca al Archipiélago, junto a otros como Madeira y Azores, en que menos controles tienen en la entrada de material vegetal foráneo de los países desarrollados.

Además incide que el problema se agrava por ser, a su vez, uno de los lugares del mundo que más endemismos posee, lo que redunda en un mayor peligro para unas especies únicas que prosperan en unas áreas muy determinadas y que por su insularidad tiene unas reducidas poblaciones.

La mayor parte de estas especies de otros puntos del mundo llegan a las islas para ornamentar jardines. Pero, al contrario que otros lugares con las mismas características de fragilidad e insularidad, como Hawaii o Nueva Zelanda, que cuentan con requisitos muy estrictos en sus fronteras y “donde no se deja entrar nada”, subraya Salas, en Canarias esos controles, “son mínimos, lo que permite ingresar especies para jardines -y también animales- sobre los que luego no se sabe qué va a pasar”.

Salas cita lo que ocurre con Lotus kunkelii, como miembro de un grupo que desde hace años ha hecho el seguimiento de esta especie endémica amenazada. Y cómo ejemplo del volumen que está adquiriendo en la isla esta situación, ilustra que en la pequeña área de Jinámar en la que prospera el único centenar de individuos de Lotus que quedan, una zona que además está declarada Sitio de Interés Científico, “cada año aparecen más especies foráneas. De hecho, hace apenas unos días nos encontramos dos nuevas”.

El biólogo no puede dar números exactos, pero estima que el ritmo se encuentra en torno a entre tres y cuatro plantas foráneas por año, si bien se apresura a aclarar y diferenciar entre plagas y especies invasoras. Así, plaga se refiere a “un organismo vivo que se introduce en un medio agrícola o ganadero y produce un daño económico directo”, mientras que las segundas son aquellas que dañan los ecosistemas afectando a los endemismos, “que al fin y al cabo también suponen un quebranto económico a la larga, pero no tan directo”.

Por tanto se trata, concretamente en Canarias, “de un problema de mayor responsabilidad porque tenemos una mayor diversidad que conservar”. Y la forma que tiene este país para enfrentarse a este trasiego, a su forma de ver, no es muy efectiva. “En España”, explica, “existe unas listas negras de especies que no pueden pasar. Como por ejemplo ocurre con las culebras que están todas prohibidas, pero lo apropiado no serían las listas negras, sino una ‘lista blanca’, es decir un catálogo con aquellas que sí serían posible traer para jardinería, de tal forma que tanto urbanistas como profesionales se limitarían a importar aquellas permitidas, que es mucho más fácil”.

Un clima demasiado generoso

“Así es como funciona en otros países”, abunda Salas, “porque una lista negra resulta inagotable y la blanca limita exactamente lo permitido, especificando aquellas que se saben que no se van a terminar asilvestrando”.

Además Canarias tiene, por sus condiciones medioambientales, otros riesgos añadidos para que esas plantas arraiguen en el archipiélago. Un clima generoso, que al contrario de las zonas frías limitan el área de expansión, así como la existencia de unos nichos bioambientales desocupados, una seña propia de las islas atlánticas, lo que facilita el asentamiento de un enorme número de plantas, de tal forma que ese 25 por ciento citado por Marcos Salas supera ampliamente el porcentaje de especies foráneas que se registran en el continente europeo.

Pero no todas las plantas del exterior afectan por igual. En la cúspide del desatino se encuentra el rabo de gato, “un símbolo de lo que puede llegar a pasar”, incide. Pennisetum setaceum, en estos momentos, está causando, apostilla el experto, “daños importantes en especies autóctonas en lugares como Guayedra o en la ladera de Tamadaba”, con afecciones a endemismos como Tanacetum oshanahani o magarza de Guayedra, que además de competir con su agresiva y voraz extensión tiene que hacer frente “a las cabras cimarronas”.

Otras llevan tanto tiempo en las islas que no solo conforman parte del paisaje isleño sino que se convierten en sus símbolos, como el caso de Strelitzia, cuya imagen promocionó el turismo desde el Gobierno de Canarias, o la propia tunera y las piteras, “éstas últimas con unas poblaciones en las islas de hace más de 300 años y que evitan que los ecosistemas canarios se regeneren”, asegura la misma fuente.

Imposibles de erradicar

El caso de la pitera, que llega de Centroamérica también reportó en sus momentos beneficios a la población, ya que permitió la materia prima para elaborar los sacos o las alpargatas. Al igual que la tunera, utilizada al principio para delimitar las fincas y evitar la entrada de ganados, y luego como fruto y productora de cochinilla.

Todas ellas “son imposibles de erradicar, salvo su control en lugares de especial importancia ecológica”, pero también las hay antiguas que en algunos puntos se desmadran, como la caña, que originan “problemas de todo tipo porque no solo es invasora, sino que desplazan a endemismos como el sauce canario porque ocupa los cauces, además de servir de foco y propagador de incendios, como ocurrió con el de Tirajana que bajó hacia Palmitos Park por el barranco con un cañaveral actuando de mecha”.

Al menos cien de estas especies foráneas son consideradas como invasoras, tal su definición de dañinas con el medio ambiente, y de ellas las peores son las que afectan al monteverde y la laurisilva, como la pequeña Ageratina adenophora, o mato de espuma, de origen mexicano, que se asienta donde corre el agua, asfixiando a helechos y otras plantas de umbría y que se extiende en lugares como en el barranco de La Virgen, en Gran Canaria, o en Fuerteventura.

Algo parecido ocurre con los aromeros, Acacia farnesiana, un arbusto espinoso originario de la América tropical y que fue introducido hace unos 200 años. Citados por Viera y Clavijo y tan asimilados que da nombre a una plaza de Ingenio, nitrifica con sus hojas el suelo impidiendo que prosperen otras plantas. El conejo, otra especie invasora, tiene con ella un ‘convenio’, desperdigando sus semillas por el Arguineguín, Fataga o Mogán…, y subiendo, a costa de endemismos propios y exclusivos que se desarrollaron durante miles de años.

FUENTE: http://www.laprovincia.es/gran-canaria/2016/12/05/invasion-echa-raices-gran-canaria/887618.html

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.