La diocalandra avanza hacia el interior

La actualización cartográfica de la distribución actual del insecto diocalandra frumentii en Gran Canaria que la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo ha encargado al técnico Marco Díaz-Bertrana, especialista en palmeras, constata el avance de esta plaga «hacia el interior de la isla por las cuencas donde se desarrollan los palmerales naturales». El bicho no deja de ganar altitud y se ha localizado ya a 636 metros sobre el nivel del mar, en el pago de Soria del barranco de Arguineguín, en Mogán.

Los resultados de este trabajo de campo, resumido en 652 fichas después de haber prospectado 8.513 palmeras en 189 polígonos, evidencian que el pequeño escarabajo originario de Asia «se ha extendido y está ya bastante metido en los palmerales naturales», pero también, resalta su autor, que «todavía estamos a tiempo y que nos queda mucho por preservar».

Para Marco Díaz-Bertrana, «lo más preocupante» es que el insecto que provoca la podredumbre de las palmeras se ha encontrado en ejemplares de Los Ortigones, en el barranco de Fataga, a 529 metros de altitud, por lo que sería necesario emprender acciones para frenar su expansión y evitar que llegue a los palmerales de La Sorrueda, Casas Blancas, Temisas o la parte alta de Santa Lucía.

El estudio de campo, basado en el método visual y centrado en los palmerales naturales y silvestres, confirma que diocalandra frumentii no ha invadido todavía los palmerales de Santa Brígida y que en la capital se ha ido adentrando hasta la parte baja del Jardín Canario, en Tafira, y el campus universitario cercano. También ha llegado a Las Mesas y al barranco de Lezcano, en Tenoya, así como a Dragonal, en el barranco Guiniguada.

La Aldea también «está petada» en las palmeras urbanas del municipio, destaca el autor de la asistencia técnica, quien presentó los resultados del trabajo en la última sesión de las XXV Jornadas Forestales de Gran Canaria desarrolladas la semana pasada.

En Agüimes la extensión del insecto se eleva hasta el centro de interpretación del barranco de Guayadeque, a 371 metros de altitud, y en Telde se ha localizado en el barranquillo de García Ruíz, en dirección a San Roque, a 228 metros sobre el nivel del mar.

La actualización cartográfica de la extensión del insecto en la isla, donde se detectó por primera vez en 1998, hace 20 años, en unas palmas de Maspalomas, evita por primera vez la confusión entre los efectos que producen sus larvas y los de un hongo que afecta a las palmeras, confusión que se había producido en los trabajos de campo hechos en 2007, 2014 y 2016 por las empresas públicas GMR y Gesplan por encargo del Gobierno de Canarias.

«Hemos comprobado, después de troncharse y quedar al descubierto, que algunos ejemplares en los que creíamos que había entrado no tenían ningún insecto ni larvas», indica Díaz-Bertrana, que reclama una mayor implicación del Gobierno de Canarias para combatir esta plaga.

En concreto, este especialista en palmeras canarias lamenta que el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA) no haya desarrollado todavía, pese al tiempo transcurrido, algún tipo de feromonas que faciliten la captura del insecto con trampas y, de este modo, una mejor afinación en la localización del bicho.

El método visual que se emplea ahora, reconoce, no resulta operativo con un insecto que apenas vuela y en ocasiones impide detectar su presencia en un ejemplar hasta que pasan uno o dos años.

Dispersándose por la isla de dos modos, a través de sus pequeños vuelos entre palmeras -favorecidos en los corredores de la autovía del Sur y en las carreteras de la costa hacia el interior- y a través de la mala gestión de residuos infectados, diocalandra frumentii tarda una media de 7 a 10 años en matar a sus inquilinos.

Los análisis apuntan a que desde la aparición de este insecto, que de adulto puede llegar a medir 7 milímetros, se viene registrando un aumento de enfermedades vasculares que no tienen cura en las palmeras canarias, es decir, que se está comportando también como vector de enfermedades letales para phoenix canariensis.

salvar las fuentes

Díaz-Bertrana subraya, por otra parte, la importancia «crucial» de evitar que diocalandra frumentii entre en la cuenca de Tejeda-Artenara, en las cumbres de la isla, donde se localizan las fuentes semilleras de la especie phoenix canariensis en Gran Canaria.

«Hay que conseguir que no afecte» a los palmeras silvestres de Acusa Verde y de Acusa Seca, la cantera insular de las semillas de palmera canaria, expone.

FUENTE: canarias7.es

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