EL HOTEL DE LOS BICHOS BUENOS

Rhodanthidium sticticum, conocida popularmente como abeja roja, realiza frecuentes visitas a las plantas y, aunque no es muy eficiente extrayendo el polen, sus constantes idas y venidas a las flores la convierten en una excelente polinizadora. Esta abeja solitaria acostumbra a hacer su nido en conchas de caracoles vacías y aprovisiona el reducido espacio de los caparazones con una pasta a base de polen y néctar que cubre con piedrecitas, sellando la entrada con una capa de barro y saliva, a modo de tabique.

Otras especies anidan en huecos de ramas, en agujeros de la madera, en cañas cortadas o en estructuras humanas, como los aleros de las ventanas. No todas las abejas son insectos sociales, que viven en colmenas y producen miel, de hecho la mayoría de especies del mundo desarrollan hábitos de vida solitarios y, a pesar de ser menos famosas que la abeja de la miel (Apis mellifera), desempeñan un papel clave en el mantenimiento de la biodiversidad, motivo por el que cada vez se les presta mayor atención como recurso para la polinización comercial.

Otros pequeños animales, la mayoría insectos, que comúnmente definimos con el nombre de bichos, son enemigos naturales de plagas, criaturas que, como las mariquitas, las crisopas o las tijeretas forman parte del extraordinario batallón de microfauna beneficiosa que ayuda al hombre a mantener a raya a los insectos perjudiciales. Pero todos estos ‘bichos buenos’ no lo tienen nada fácil, la falta de hábitats y el empleo masivo de plaguicidas los han puesto contra las cuerdas, mermado drásticamente sus poblaciones.

El declive de los polinizadores y la lucha biológica contra las plagas nos han hecho ser más conscientes de la importancia de promover la biodiversidad y nos han abierto los ojos a un gran número de especies beneficiosas que ayudan a mantener el equilibrio y a pensar cómo podemos reconciliarnos con ellas.

Una buena forma de hacerlo es construyendo en nuestro huerto o jardín pequeñas instalaciones que ayuden a todas estas especies de fauna beneficiosa, como las abejas solitarias, las mariquitas o las crisopas a paliar la carencia de refugios naturales; Estas estructuras que imitan las oquedades, fisuras y otros elementos presentes en la naturaleza son conocidas popularmente como hoteles de insectos.

Dos establecimientos de este tipo acaban de abrir sus puertas en el Campus de la UIB; uno en Cas Valencià, una zona de huerto ecológico, y el otro en Font de la Vila, un área de encinar. Joan Diaz Calafat, alumno de biología de último año, ha desarrollado este proyecto para fin de grado, fabricando con materiales reciclados dos refugios para la microfauna beneficiosa.

«La idea del hotel me la propuso la doctora Mar Leza, bióloga e investigadora de la UIB, e inmediatamente me puse a investigar sobre estas estructuras», comenta Diaz. «Las hay de diferentes tipos, algunas son solo para abejas, otras están enfocadas a enemigos naturales de plagas; las que he construido en el Campus son mixtas, están pensadas tanto para polinizadores como para depredadores y buscan tanto favorecer las puestas como proporcionar cobijo».

«Las zonas naturales de cría y refugio de muchas estas especies han desaparecido», explica Mar Leza, «si se cae un árbol no se deja al tronco descomponerse; faltan lugares, sobre todo en las áreas urbanas, por eso en muchas ciudades europeas han surgido este tipo de proyectos que, en España, todavía son bastante desconocidos. Aquí falta cultura entomológica y se ignoran muchos de los beneficios que nos puede aportar esta microfauna. Por eso, la idea es que el hotel tenga también una vertiente didáctica que acerque a la sociedad una serie de animales por los que tradicionalmente ha sentido rechazo».

Los dos hoteles, construidos con palés, tienen seis pisos, y están protegidos en la parte superior para que no entre humedad. El ático y las plantas superiores disponen de cañas, troncos agujereados o cartones enrollados y, básicamente, están habilitados para cría y refugio de polinizadores, muchas abejas solitarias y avispas usan cavidades en la madera para hacer su puesta.

Los niveles inferiores con palos, piñas, paja o piedrecitas están más pensados para los enemigos naturales de plagas; las mariquitas que hibernen en este hotel reaparecerán en primavera, pondrán sus huevos, y tanto los adultos como sus larvas devorarán pulgones y otras especies perjudiciales, ya que son grandes depredadoras.

«Con la instalación de hoteles se ayuda al animal para que no tenga que invertir tanto tiempo en construir su nido y se dedique a la cría, favoreciendo las puestas, además, de proporcionarles un refugio», aclara Diaz. «Hay especies que vacían ramitas o cañas hasta dejar un tubo hueco y que, gracias a estas estructuras, se ahorran el esfuerzo de preparar la zona».

Hace unas tres semanas que el establecimiento ‘abrió sus puertas’ y los primeros en acercarse a curiosear no han sido insectos, sino arácnidos, que también son eficaces en el control de algunas especies y los psocópteros, más conocidos como piojos de los libros, estos insectos descomponedores de la materia orgánica facilitan que otros se instalen, son, por así decirlo, ‘los encargados del mantenimiento’. «Ahora es época de hibernación y estamos pendientes de que comiencen a llegar los enemigos de plagas; depredadores como las mariquitas que, en invierno, se protegen del frío ocultándose en espacios reducidos y las piñas son un buen sitio para cobijarse. En el futuro esperamos como inquilinos a diferentes especies de abejas solitarias y abejorros porque, aunque éstos últimos sean coloniales, también podrían utilizar este lugar para realizar la puesta», destaca Diaz.

Con la construcción de dos hoteles, uno en la zona de huertos y el otro en el encinar, los investigadores quieren ver si existen diferencias, tanto por su localización como por las especies vegetales propias de cada lugar. Además, otro de sus objetivos es ir viendo la colonización temporal del espacio y el comportamiento. «En lo que se refiere a los polinizadores, por ejemplo, observaremos cómo van llegando las diferentes especies de abejas, cómo transportan el polen, cómo hacen sus nidos y qué materiales emplean para proteger las puestas, ya que las celdas se pueden separar con tabiques de barro, piedrecitas o con material vegetal como pétalos de flores, hojas o resinas de los árboles», añade.

Generalmente, cuando se habla de la conservación de la biodiversidad, pensamos en plantas y animales, casi siempre grandes, y los insectos suelen ser los grandes olvidados, solo cuando el declive de los polinizadores ha puesto en riesgo la producción de alimentos nos hemos dado cuenta de su importancia.

La polinización del 80% de las especies cultivadas en Europa depende de animales, mayoritariamente insectos, y aunque Apis mellifera es la reina, no es la única, ya que abejorros, abejas solitarias y otros polinizadores silvestres son muy importantes. «Hemos llevado a cabo un estudio en almendros en el que hemos visto que la producción se incrementa cuando se introducen abejorros», informa Mar Leza, «al aumentar la diversidad de polinizadores se produce como un efecto sinérgico».

En los últimos años, factores como el uso de plaguicidas, enfermedades o disminución y alteración de sus hábitats, han mermado drásticamente las poblaciones de muchas especies polinizadoras; proyectos como éste son una buena opción, no solo para poner un granito de arena en la conservación de la biodiversidad, sino también como herramientas de investigación y de divulgación.

 

FUENTE: http://www.elmundo.es/baleares/2017/01/01/5868ec59ca4741bb5c8b4637.html

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.