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CÓMO ESTABLECER LA ESTRATEGIA MÁS EFECTIVA PARA ENFRENTAR A LOS NEMÁTODOS EN EL CAMPO

Viernes, 13 Mayo 2016

En los últimos años las detecciones de poblaciones de nemátodos en diversas zonas del país han aumentado de manera considerable, lo que en el mediano plazo podría transformarse en un importante escollo para el desarrollo de la actividad agrícola. A continuación dos destacados especialistas en la materia ahondan en el panorama actual y analizan la efectividad de las distintas herramientas que existen para enfrentar este trascendental problema.

Los últimos años han estado marcados por el aumento de las detecciones de poblaciones de nemátodos en distintas zonas del país, lo que según los expertos podría generar en el mediano plazo un serio problema para el desarrollo de la actividad agrícola nacional.

De hecho, quienes conocen el tema, comentan que en algunos casos esta situación se encuentra literalmente fuera de control. Así, se cree que por estos días al menos el 30% de la superficie de vid vinífera del país está afectada en algún grado por nemátodos fitoparásitos. Algo similar ocurre con otras especies frutales como los cítricos (40%-50%), vides de mesa (casi 100% de la superficie del norte), tomates producidos bajo plástico (80%), granados (30%) y nogales (5%-10%), entre otras.

Cabe destacar que Chile posee una zona que históricamente ha presentado una alta presencia de nemátodos, la que se extiende desde Arica, por el norte, hasta la Región de Coquimbo, por el sur. Sin embargo, hoy existe evidencia de que estos agentes han avanzado hasta la Región de Los Lagos, donde a la fecha se han detectado más de 30 focos del nemátodo dorado de la papa, agente que hasta hace unos años estaba concentrado en la Región de Coquimbo.

“Es importante saber que cuando se detectan problemas de nemátodos en un lugar determinado quiere decir que su presencia se ha extendido por más de 15 años”, dice Erwin Aballay, nematólogo y académico de la U. de Chile.

Las claves del aumento

Entre las teorías que manejan los expertos para explicar los mayores efectos que están teniendo los nemátodos sobre los diversos cultivos en el territorio nacional, se encuentra la falta de cuidado de algunos agricultores a la hora de desarrollar sus proyectos. Y es que muchos no se preocupan de realizar una rotación de cultivos adecuada, generando que aumenten las condiciones para que estos agentes se desarrollen en el suelo.

Otra alternativa que se baraja es la que se relaciona con el uso de plantas, semillas, materiales, herramientas y maquinarias contaminadas. Cabe destacar que ésta es una de las situaciones más comunes para la diseminación de distintas plagas y enfermedades en el campo.

Pero los expertos también apuntan a razones más profundas y difíciles de demostrar. Una de ellas está ligada con el progresivo aumento de las temperaturas en el país. Y es que se sabe que la temperatura del suelo ideal para el desarrollo de los nemátodos oscila entre 20°C y 22°C. Por lo mismo, las zonas más peligrosas para la diseminación de los nemátodos son aquellas donde hay temperaturas altas y suelos livianos.

“Esto tiene una explicación lógica: hay cultivos que tienen resistencia a nemátodos, pero al aumentar las temperaturas de los suelos, terminan por perderla y pasan a ser susceptibles”, afirma Pablo Meza, nematólogo e investigador del INIA La Platina.

Entre las regiones de Arica y Parinacota y la de Atacama, por ejemplo, se pueden dar temperaturas entre 26°C y 28°C a los 40 cm de profundidad del suelo, lo que en la práctica permite que en ciertos casos, como ocurre con el nemátodo Meloidogyne, se den ciclos de desarrollo tremendamente cortos. Esto, en la práctica, significa que habrá mayores poblaciones de estos agentes dando vueltas.

“A medida que nos vamos más al sur, los ciclos son más largos y las tasas de reproducción son menores. Por lo mismo, los problemas van disminuyendo. Ahora, en la medida que aparecen especies de nemátodos que se adapten a esas condiciones se pueden ir generando ciertos problemas”, explica Erwin Aballay.

La acción de los nemátodos

Una de las características que tienen los nemátodos es que operan bajo tierra, por lo que en la práctica su acción es un problema invisible para los productores.

“En general, en Chile los productores y asesores no se preocupan mucho de lo que ocurre en las raíces ni de los síntomas que pueda expresar la planta aquí. De hecho, las calicatas sólo se hacen pensando en el riego, en nada más”, asegura Erwin Aballay.

Cabe destacar que a la hora de operar, los nemátodos destruyen las raíces, haciendo que la planta se debilite de manera importante y quede expuesta al ataque de otros agentes perjudiciales como hongos y bacterias.

“Si se tiene suerte, puede ser que con un programa súper intensivo se pueda eliminar a todos o a gran parte de los nemátodos. Sin embargo, también es posible que queden problemas secundarios, los que probablemente harán inviable la sobrevivencia de la planta. Esto pasó mucho con la Red Globe, donde los nemátodos atacaban las plantas y permitían la entrada de hongos como Pie Negro, lo que llevó a que se arrancaran muchas hectáreas en el país”, comenta el nematólogo de la U. de Chile.

Apostar por la prevención

Por lo mismo, entre los especialistas no hay dos lecturas: la mejor estrategia para defenderse de los nemátodos es, por lejos, la prevención. Así, recomiendan llevar a cabo una serie de tareas, donde se incluye utilizar material vegetal (semillas, plantas, estacas, etc.) certificado y elementos como sustratos, bolsas macetas y/o cualquier elemento para la propagación o manipulación del material genético libre de nemátodos fitoparásitos.

De igual forma, se recomienda mantener un programa de lavado de las herramientas y maquinarias de uso agrícola, tanto las propias como las provenientes de otros predios.

“Se debe eliminar, especialmente, el suelo adherido a ruedas, discos de arado o cualquier parte de las herramientas y maquinarias que puedan transportar nemátodos desde zonas infestadas a zonas libres de estos fitoparásitos”, complementa Pablo Meza.

En la misma línea, los expertos proponen utilizar material vegetal con antecedentes de resistencia y/o tolerancia a nemátodos fitoparásitos y mantener un programa de monitoreo permanente. Este último punto es especialmente importante para Erwin Aballay, quien invita a los productores a realizar un examen nematológico al menos una vez por temporada en huertos en producción. En el caso de un proyecto nuevo o de replante, lo ideal será que estos estudios se lleven a cabo una vez por temporada por al menos 10 años.

“La idea es que el productor monitoree la situación y vea cómo evoluciona. En algún momento ésta se puede descontrolar, lo que llevará a que los índices de nemátodos suban de manera importante. En el caso de no contar con números, los productores no se darán cuenta de la acción de estos organismos hasta que las plantas se empiecen a debilitar. Hay que recordar que muchas veces las plantas pueden soportar importantes ataques de nemátodos sin evidenciar síntomas aéreos. De hecho, cuando los muestran por lo general ya es demasiado tarde”, explica.

Cabe destacar que los análisis nematológicos tienen un valor bastante accesible, el cual puede rondar los $25.000. Esto le permitirá al agricultor saber lo que ocurre bajo tierra en un cuartel determinado de su huerto.

La herramienta base

Si bien los productores pueden seguir al pie de la letra cada uno de los consejos especificados anteriormente, siempre existirá la posibilidad de que algo falle y se produzca la entrada de nemátodos al huerto productivo. Si eso ocurre, se debe tener claro que existen ciertas herramientas que, en mayor o menor medida, servirán para enfrentar a estos enemigos silenciosos.

Una de ellas son los portainjertos, los cuales dependiendo de sus características pueden presentar resistencias a diversas especies de nemátodos. De hecho, en Chile son varias las especies que utilizan materiales de este tipo, aunque existe una que lleva la delantera por lejos: la uva de mesa. Lo mejor, dicen los especialistas, es que desde que fueron implementados —hace más de 15 años— han respondido de manera tremendamente positiva.

Sin embargo, esta situación podría cambiar en el mediano plazo. Y es que en los últimos años son cada vez más los huertos puestos sobre portainjertos que se están viendo afectados por la acción de los nemátodos. Esto ha llevado a que muchos productores, después de más de una década, hayan tenido que aplicar nematicidas convencionales sobre las plantas para aplacar los efectos.

Si bien en la actualidad no existe una explicación clara para esto, una de las posibilidades que barajan los expertos se relaciona con la aparición de razas o subtipos de nemátodos que hayan roto la resistencia.

“Esta situación se está haciendo común en lugares como Copiapó, que de hecho fue la primera zona del país donde se pusieron de manera masiva los portainjertos. Hoy vemos que se están presentando poblaciones de nemátodos bastante altas, las cuales se asemejan a las que presentan las plantas francas”, indica Erwin Aballay.

Pablo Meza explica que los nemátodos, como cualquier otro ser vivo, tienen la capacidad de adaptarse y presentar en algunos casos una mayor virulencia, la que a su vez depende de la capacidad de estos organismos de quebrar la resistencia de los portainjertos. Esto, muchas veces, se ve gatillado por factores ambientales.

“Así, ante cualquier condición ambiental favorable al desarrollo del nemátodo se podría dar una mayor virulencia. Por lo mismo, lo que ocurre en el norte perfectamente puede haber sido causado por un fenómeno de este tipo”, explica.

Lo concreto es que esta situación le ha planteado un nuevo desafío a la fruticultura chilena: desarrollar nuevos portainjertos que sean capaces de resistir la acción de las nuevas especies de nemátodos que puedan haber aparecido. El problema es que esto no es fácil de conseguir, en especial cuando buena parte de los portainjertos que por estos días se están probando en Chile proviene de otros países. Por lo mismo, Pablo Meza hace un llamado a las autoridades a entregar más recursos con el fin de fomentar el desarrollo de material local.

“La creación de nuevos portainjertos o variedades resistentes a nemátodos no depende sólo de los productores, sino que también de los institutos de investigación como el INIA y las universidades”, agrega.

De hecho, el investigador comenta que gran parte de sus esfuerzos en los últimos cuatro años han estado centrados en el desarrollo y evaluación de nuevos portainjertos para carozos resistentes a nemátodos, tarea que a la fecha ha rendido excelentes resultados.

Sin embargo, destaca también que esta no ha sido una tarea fácil, pues para evaluar las características del nuevo material se deben realizar múltiples pruebas en invernaderos (para que los nemátodos cuenten con las condiciones ideales para su desarrollo) y utilizar nemátodos que estén presentes en el territorio nacional y tengan una virulencia marcada. Sólo así se podrá determinar cuáles son los portainjertos más resistentes.

Entre las iniciativas relacionadas con la creación de nuevos portainjertos resistentes a nemátodos en el país destaca el trabajo que llevan adelante el INIA La Platina, INIA Rayentué y el Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF).

La guerra química

Si la prevención y la acción de los portainjertos falla, el productor inevitablemente deberá acudir a la aplicación de nematicidas, lo que en la práctica le permitirá bajar la carga de nemátodos presente en el huerto, aunque no eliminarla completamente.

“El problema es que cuando el productor se mete en este tipo de manejos, tiene que tener claro que será por el resto del cultivo, debido a que estos productos no son capaces de limpiar el suelo, sino que operan como un paliativo”, dice Erwin Aballay.

Así, se debe tener claro que en el mejor de los casos los nematicidas serán capaces de eliminar alrededor del 70% de la carga de nemátodos de la zona de aplicación, lo que desde el punto de vista estadístico no es nada de malo. Sin embargo, cuando existe una alta presencia de nemátodos en un huerto, el 30% que quedará tras una aplicación exitosa seguirá representando una cifra importante de agentes para los cultivos.

Otro aspecto que se debe considerar es que los nematicidas convencionales son productos altamente tóxicos. De hecho, la mayoría de los que existe en el mercado corresponde a insecticidas de alto poder y sistémicos, por lo que eventualmente podrían generar problemas de residualidad en la fruta.

“Pese a ello, para los agricultores son productos que todavía resultan efectivos, por lo que seguirán usándolos al menos por ahora. El problema vendrá en el mediano y largo plazo, cuando las regulaciones y los requerimientos de los mercados de destino sean cada vez más estrictos. Por lo mismo, creo que no son productos que tengan una viabilidad más adelante, por lo que se debería comenzar a buscar nuevas alternativas”, indica Pablo Meza.

De hecho, en la actualidad la misma industria está buscando nuevas moléculas que sean más amigables con el medio ambiente y la salud de los consumidores.

La esperanza biológica

Dentro de las nuevas alternativas que han surgido en el último tiempo para enfrentar la acción de los nemátodos en el campo, destacan los productos de origen biológico, los cuales en general actúan como complemento de los nematicidas tradicionales (mantienen a raya el problema, impidiendo que las poblaciones se sigan multiplicando). No obstante, recientemente se ha demostrado que ciertos productos en condiciones determinadas pueden llegar a reemplazar y eliminar por sí solos la acción de los nemátodos.

“La mejor estrategias para enfrentar a los nemátodos o cualquier otro parásito de este tipo es el Manejo Integrado de Plagas, lo que implica desarrollar una completa estrategia donde por cierto se incluye el uso de nematicidas químicos y también de productos biológicos. Es importante que los productores tengan claro que esto es algo que se debe evaluar en el contexto de un manejo integral”, explica Pablo Meza.

Erwin Aballay, por su parte, recomienda que la utilización de nematicidas biológicos se haga desde el comienzo del proyecto, con el fin de que el producto pase a formar parte del sistema del huerto.

Si bien en Chile existen pocos productos de esta gama —la mayoría corresponde a enraizantes o bioestimulantes radicales—, algunos de ellos han sido capaces de mostrar cierto grado de efectividad a la hora de enfrentar el problema.

Así, corresponde destacar el trabajo llevado a cabo por algunos actores del mercado nacional como Bio Insumos Nativa, que ha desarrollado algunos productos en base a bacterias. De igual forma, los expertos resaltan la llegada al país de algunos productos en base a hongos provenientes de Colombia —en Chile se comercializan como bioantagonistas de nemátodos— y los esfuerzos que están haciendo otras empresas por adquirir cepas de bancos internacionales, con el fin de reproducirlas aquí.

Pero así como hay productos que han demostrado su efectividad, hay otros que no lo han hecho, lo que ha llevado a que pasen por el mercado nacional sin pena ni gloria. Si bien las razones para explicar esta situación son variadas, se debe considerar que muchos de estos productos son producidos en otros países, bajo condiciones climáticas y de suelos distintas a las de Chile. A esto se agrega la idea de que muchas veces esos productos son probados con especies de nemátodos distintas de las que se encuentran en nuestro país, por lo que no resulta extraño que al ser aplicados en territorio nacional no muestren los mismos resultados que en sus lugares de origen. Otro aspecto que se debe considerar es el mal uso que muchas veces hacen del producto los agricultores.

“Los utilizan de manera indiscriminada, bajo cualquier condición, como si se tratara de nematicidas convencionales. Esto lleva a que pierdan su efectividad”, asegura Erwin Aballay.

Así, los expertos coinciden en que lo ideal es que este tipo de productos sean producidos en Chile, con el fin de que se utilicen estándares de calidad mínimos y se puedan asegurar aspectos básicos como que su fecha de vigencia sea la adecuada o se haya mantenido la cadena de frío.

En materia de nuevos desarrollos Erwin Aballay comenta que desde hace algún tiempo la U. de Chile viene trabajando en el desarrollo de nuevas alternativas de origen biológico que permitan ayudar al control de nemátodos en el suelo. Una de ellas se relaciona con el desarrollo de rizobacterias, aisladas de suelos supresivos, las cuales con el tiempo se han ido probando bajo distintas circunstancias con muy buenos resultados. De hecho, el experto dice que algunas de ellas ya se encuentran licenciadas, por lo que pronto podrían salir al mercado.

Costos altos

Es importante saber que recuperar un huerto que está a maltraer producto de la acción de los nemátodos es casi imposible desde el punto de vista práctico. Incluso si se hicieran todos los esfuerzos, resultaría una tarea difícil y tremendamente cara para el productor. Y es que se tendría que ejecutar un programa cada seis meses por al menos tres temporadas, que contemple el uso de nematicidas, estimulantes, enraizantes y materia orgánica.

Según los cálculos de Erwin Aballay un programa de estas características podría alcanzar un costo para el productor cercano a los US$ 1.000-US$ 1.200/ha/año. El problema, de acuerdo al experto, es que una vez realizado el plan, se deberán llevar a cabo pruebas, “porque puede ser que éste no haya sido efectivo”.

“Por lo tanto, la mejor opción, por lejos, es prevenir”, complementa Pablo Meza.

Y es eso justamente lo que están haciendo algunas empresas como Viña Santa Rita y Agrícola Lo Garcés, las cuales están trabajando las replantaciones de sus huertos contemplando la puesta en marcha de completos programas preventivos. La idea, cuentan quienes conocen las iniciativas, no sólo es mantener sus campos sanos y libre de nemátodos sino que servir de ejemplo para los agricultores más pequeños. Y es que está claro que los nemátodos no son un juego.

FUENTE: http://agriculturers.com/establecer-la-estrategia-mas-efectiva-enfrentar-los-nematodos-campo/

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