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El rastro químico de los gases que liberaron a la atmósfera las erupciones volcánicas de los siglos XVIII y XIX puede identificarse hoy día en los bosques más antiguos de coníferas de los Pirineos, revela un artículo publicado en la revista Science of the Total Environment en el que participa la Universidad de Barcelona (UB).

Erupciones como las del volcán Timanfaya en Lanzarote –una de las más poderosas en todo el país por su duración hasta 1736 y el volumen de materiales arrojados– y el Tambora –uno de los mayores episodios volcánicos, que condujo al 'año sin verano' en 1816– desprendieron enormes cantidades de hierro que modificaron la composición química de los anillos anuales de crecimiento de los árboles pirenaicos.

Según el artículo, el estudio del registro de los anillos de crecimiento de los árboles (dendrocronología) podría ayudar a conocer la frecuencia y la intensidad de los fenómenos volcánicos en la era moderna.

El nuevo estudio, liderado por la experta Andrea Hevia, investigadora del Centro Tecnológico Forestal y de la Madera (CETEMAS), en Asturias, ha analizado los cambios temporales de la composición química en los anillos anuales de crecimiento de los árboles centenarios de los Pirineos, en especial los de los bosques subalpinos de pino negro (Pinus uncinata) de los parques nacionales de Ordesa y Monte Perdido y Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.

La investigación ha permitido analizar por primera vez los efectos del cambio climático sobre los ciclos de nutrientes en los bosques, y ha confirmado que los bosques pirenaicos pueden registrar la huella química de episodios a nivel global (por ejemplo, las erupciones volcánicas en lugares remotos) y los efectos de las emisiones de gases a la atmósfera desde la revolución industrial.

Tal como explica la profesora Emilia Gutiérrez, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB, "la información registrada por estos árboles que crecen a altitudes superiores a los 2.000 metros es representativa de los cambios globales, ya que su crecimiento no está influenciado por los efectos de las actividades humanas locales".  

Los expertos han analizado los cambios atmosféricos en los últimos setecientos años –con resolución anual e incluso estacional– a partir del análisis de los anillos de crecimiento de los árboles. El estudio revela un incremento del contenido en elementos como el fósforo, el azufre y el cloro a partir de 1850, cuando se inicia la revolución industrial en Europa.

También se han analizado datos de elementos químicos esenciales en el desarrollo de la madera, como el calcio. "La fijación de estos elementos en los anillos de crecimiento de la madera se ha visto además favorecida por el aumento de las temperaturas a nivel global", comenta Hevia.

 Los árboles, centinelas del cambio global en el planeta

Según el estudio, los árboles que crecen en lugares con suelos más alcalinos (por ejemplo, gran parte del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido) podrían tener una mayor capacidad de amortiguar los fenómenos de acidificación global, al contrario de lo observado en lugares con suelos más ácidos (por ejemplo, el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici).

"El aumento de las emisiones de sulfatos y nitratos a la atmósfera puede limitar la fijación en el suelo y la absorción por parte del árbol de elementos esenciales como el calcio, el magnesio o el manganeso, entre otros, todos ellos esenciales para el crecimiento y desarrollo de los bosques", detalla Gutiérrez.

El estudio de los efectos del cambio climático en esta región y de la variación histórica de elementos químicos en los árboles puede contribuir significativamente a conocer los efectos potenciales que podrían soportar muchos de los bosques de coníferas en el siglo XXI, apuntan los autores. 

 

FUENTE: http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-erupcion-de-Timanfaya-dejo-huella-en-los-bosques-de-los-Pirineos

 

No hay vuelta atrás. El progresivo aumento de las temperaturas no tiene freno y 2017 confirmó que los termómetros han escalado en Cataluña 1,5 grados centígrados por encima de la media climática. Además, no llueve lo que debería. Hay sectores y actividades que sufren especialmente las consecuencias del calentamiento atmosférico y buscan soluciones para no perecer víctimas del cambio climático. Es el caso de la industria turística, en especial la relacionada con el esquí, y de la agricultura, sobre todo el sector del vino. Algunas bodegas se plantean ya desplazar los viñedos más al norte para no perder calidad.

Scott Pruitt es un hombre tan tibio con las cuestiones medioambientales que logró ser el escogido por Donald Trump para dirigir la Agencia de Protección del Medio Ambiente. Las consecuencias que tiene el cambio climático son tan patentes que incluso un descreído como Pruitt ha señalado esta semana que es “indudable” que el clima padece alteraciones. La temperatura de la superficie terrestre y oceánica de la Tierra en 2017 se situó casi un grado centígrado por encima del promedio del siglo XX. En España, 2017 fue el año más cálido desde 1965, cuando comenzaron los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). También fue el segundo más seco. En Cataluña, la temperatura media anual superó en medio grado la del periodo de referencia 1961-90. El Servicio de Meteorología de Cataluña destaca que la anomalía fue más marcada en algunas zonas del Prepirineo y en puntos del litoral, sobre todo de la provincia de Barcelona. Allí, la temperatura media anual ha llegado a superar en 1,5 grados centígrados la media climática.

La imparable escalada de los termómetros tiene consecuencias en todos los ámbitos, pero algunos sectores las sufren más. Miguel A. Torres, presidente de Bodegas Torres, avisa de que la viticultura tiene un serio problema a la vuelta de la esquina. “El aumento de temperaturas provoca que la vendimia se avance, lo que a su vez conlleva un desajuste entre la maduración de la uva, que marca el grado de alcohol del vino, y la maduración fenólica, es decir, la de aquellos componentes que nos van a aportar la mayor parte de aromas de un vino”. El desbarajuste, añade, conlleva consecuencias para la calidad de los vinos. Lidiar con el progresivo caldeo de la tierra no plantea una solución sencilla: “Habrá que plantearse desplazar los viñedos más hacia el norte o a mayor altura para buscar temperaturas más frías”, dice el bodeguero.

Ya en 1997, Torres adquirió 200 hectáreas en el Pallars para plantar viñedos a 950 metros sobre el nivel del mar. También tiene una finca experimental en altura en Benabarre (Huesca). Miguel A. Torres abre la puerta a sustituir variedades de uva por otras que aguanten mejor el calor: “En algunas zonas, podríamos plantar monastrell en lugar de tempranillo, y tempranillo en lugar de pinot noir”. Esta estrategia terminaría por redibujar las características de las denominaciones de origen, ya que algunas zonas de producción perderían la uva que ahora les da popularidad y prestigio. “No se dejarán de hacer vinos, pero ya no serán los vinos a los que los consumidores están acostumbrados”, concluye.

Francesc Xavier Mas es el alcalde Sant Llorenç de Morunys (Solsonès), que se halla al pie de la estación de esquí de Port del Comte. En la cabalgata de Reyes, Mas entonó un discurso en el que pidió a sus majestades reales que trajeran “nieve”. Port del Comte es la estación que se halla más al sur de todas las que operan en Cataluña —antes lo era Rasos de Peguera, pero cerró—, y su cota más baja apenas supera los 1.700 metros de altitud.

Albert Estella es el director de la estación. Estos días celebra una nevada que ha dejado más de medio metro de nieve fresca, pero recuerda que hace dos campañas vivió “la peor temporada” en los más de 40 años de historia que tiene la estación. Por escasez de nieve, Port del Comte no pudo abrir hasta el 23 de enero y, cuatro semanas más tarde, apenas seguían en funcionamiento el 50% de las instalaciones.

Estella indica que en el Forat de la Bòfia, un histórico glaciar de la zona, desde hace cinco años no hay ni rastro de hielo. Y pone de relieve que, sin máquinas de nieve artificial, “costaría mantener la estación abierta”. Los cañones posibilitan tener en las pistas una óptima base de nieve, más duradera que los copos naturales, pero también exigen que el tiempo acompañe: cuanto más frío hace —siempre por debajo de cero—, y menos humedad hay, más calidad tiene la nieve producida y más eficaz es el sistema.

 

FUENTE: https://elpais.com/ccaa/2018/01/13/catalunya/1515867930_369780.html

 

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Nuestra protagonista es una de las plantas que más veces se incluye en el diseño urbano. Es muy frecuente encontrarse con algún ejemplar en rotondas, parques, y por supuesto en Jardines Botánicos.

Vamos a hablar sobre los cuidados que necesita la Palmera canaria, así como de evitar que su peor enemigo, el picudo rojo, la dañe.

Phoenix canariensis en hábitat

La Palmera canaria, cuyo nombre científico es Phoenix canariensis, es originaria de las Islas Canarias. Es una especie que puede crecer hasta los 10 metros de altura, con un grosor de tronco de hasta 1m. Sus hojas, pinnadas y con una longitud de unos 80-100cm, son de color verde oscuro. A diferencia de la palmera datilera (Phoenix dactylifera), es unicaule, lo cual quiere decir que sólo tiene un único tronco. Es muy resistente al frío, pudiendo soportar temperaturas de 5 incluso de 6 grados bajo cero; además, también le gusta la calor, ya que aunque el termómetro suba por encima de los 30ºC continúa creciendo.

Esta excepcional planta tiene un crecimiento más bien rápido, pero sin llegar a ser excesivo. Durante la temporada vegetativa -que es cuando la palmera está creciendo-, dependiendo de las condiciones de cultivo crecerá entre 20 y 40cm.

Palmera canaria

A la Phoenix canariensis hay que plantarla en una ubicación expuesta al sol directamente, ya que de lo contrario sacaría hojas cada vez más decaídas y largas, con foliolos más anchos de lo normal. Es importante, especialmente durante el verano, regar con asiduidad, por ejemplo unas 3 o 4 veces por semana; el resto del año serán suficiente entre 2 y 3 riegos semanales.

Es una planta que, si bien puede estar en maceta durante sus primeros años, llegará un momento en el que necesitará estar plantada en tierra. Pero mientras llega ese día, plántala en una maceta algo más ancha que profunda, utilizando un sustrato que lleve perlita y un poco de abono. Por cierto, hablando de abono, si quieres acelerar un poco su crecimiento, puedes utilizar un abono específico para palmeras, o bien uno natural como puede ser el guano.

La población de palmeras canarias se ha reducido mucho durante los últimos años debido a una de las peores plagas que han entrado en nuestro país: el picudo rojo. Por lo que, ya desde jovencita, es muy importante hacer tratamientos con Cloripifos e Imidacloprid (una vez uno, otra vez otro) a fin de evitar que estos insectos acaben con tu ejemplar.

¿Tienes alguna en tu jardín?

 

FUENTE: https://www.jardineriaon.com/conoce-a-la-palmera-canaria-una-planta-perfecta-para-jardin.html

 

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